
Las heridas emocionales, son todas aquellas circunstancias dolorosas por las que hemos tenido que pasar a lo largo de nuestra vida. Las que mas marcan son las vividas en la infancia, pues quedan guardadas en el inconsciente y siguen afectando nuestra edad adulta.
Estas heridas sin resolver tienen tanta fuerza, que sin darnos cuenta influencian nuestros pensamientos, emociones y sentimientos, consecuentemente la forma de actuar.
Mientras no se pasa por un proceso psicoterapéutico, estas heridas se mantendrán ahí, pujando por salir de la forma que sea. Aunque no se es consciente de esto, muchas veces las personas buscan por mantenerlas abiertas, a través de provocar conductas en otros que se las hagan revivir, de una forma masoquista.
Pero existen formas de enmascarar estas heridas, que se abren en la infancia y la forma en que en la edad adulta se manifiestan generalmente son las siguientes:
Herida de Abandono: este puede ser real, que uno o ambos padres se va de casa, los dejan viviendo con otros familiares, generando el niño la creencia de poca valía o importancia, que hasta sus padres lo abandonan.
Otra forma de abandono es la que implica que el niño no reciba el afecto que necesita, sobre todo en los primeros años de su vida, teniendo la misma conclusión de no ser amado. En la actualidad, los padres pueden estar físicamente en casa, pero es como si no lo estuvieran, pues no se atienden de los hijos, les restan poca importancia a las necesidades afectivas de ellos y cuando los niños piden atención, les mandan a realizar actividades que los alejan de todo contacto con sus padres.
En la edad adulta, esta herida se ve reflejada por conductas como la carencia de empatía, afecto y compasión por otros, incluso sus mismos hijos, pues repiten el patrón aprendido. Esto también conlleva a la dificultad para establecer relaciones duraderas, ya sea con parejas o amigos. Pues prefiere ser él quien abandone a la otra persona, para no exponerse a ser abandonado. Esto al igual que las demás heridas le causa mucho sufrimiento.
Herida de Rechazo: todas las heridas son dolorosas, no se puede decir que una es mas que otra, todas dañan de igual manera. Pero la sensación de no aprobación, rechazo de él como persona es algo también de igual magnitud. El niño recibe rechazo constante por lo que hace, por lo que representa, nada le es aprobado, creando la idea de que algo está mal en él, pues nada le sale bien, nadie lo quiere cerca y su mayor autoconcepto, a medida que crece es que es mejor no existir.
De la forma que sea, al llegar a la edad adulta, su comportamiento es de huir de las demás personas, vivir en solitario y cuando hace contacto con otros es de manera insegura, siempre busca la aprobación de los demás, amigos, compañeros, jefes y sobre todo de sus parejas. Por esa razón, muchas veces soporta parejas, jefes o amigos abusadores, con tal de ganar aprobación y no seguir siendo rechazado.
Herida de Humillación: esta se forma cuando el niño es ridiculizado por cualquier cosa, sus errores, equivocaciones, burlas de la misma familia, muchas veces ignorando el daño emocional que le causan, lo hacen con frecuencia. El niño se siente inadecuado en cualquier sitio, similar a cuando es rechazado.
Las conductas consecuentes en la adultez, se ven reflejadas en formas extremas de timidez, hasta el otro extremo de ser prepotente como una forma anticipatoria de defensa antes del ataque. Por cualquiera de las dos conductas puede ser presa fácil de bullying o ser un bulliador.
Herida de Traición: esta herida se abre, cuando al niño se le ofrecen cosas o situaciones y al final no se le cumplen. El niño cree en lo que sus padres le dicen, porque tiene plena confianza en ellos, pero al ser esta vulnerada, se va formando en el la creencia de que los adultos mienten, engañan y su desconfianza se va generalizando hacia todas las personas, en la medida que crece.
La conducta resultante en la edad adulta, es la desconfianza propiamente dicha, hacia todo lo que le dicen u ofrecen. Por esa razón, se vuelve controlador, para estar seguro de que lo que suceda así será porque está sobre todo el proceso; no cree en lo que le dicen hasta que lo comprueba por sí mismo, esto mismo lo lleva a tener conductas obsesivas y compulsivas. Su sufrimiento es inmenso por tener que gastar mucha energía en hacerse cargo de todo, por la creencia de que solo así saldrá bien todo.
Herida de Abuso: el abuso está referido a tres áreas.
Abuso Físico: recibe golpes o castigos físicos de sus padres para disciplinarlo, como única medida.
Abuso Sexual: el niño desde temprana edad puede ser abusado sexualmente, que puede ir desde tocamientos hasta penetración de sus genitales (aplica en niños y niñas). En este caso, el niño recibe amenazas para que guarde silencio, sobre todo de hacerle daño a alguien de su familia si habla. Por lo que tiene que guardarse el dolor y manejarlo solo él, hasta que decida hablar.
Abuso verbal: el niño es maltratado con palabras groseras que él a veces desconoce, pero sabe que por el tono ofensivo en que se las dicen es algo malo. Acá mismo también se puede dar el hecho, de hacerle reprimir sus emociones como el llanto o el expresar su mal estar, anulando totalmente la manifestación de sus emociones.
Cuando es adulto se puede comportar en general, como alguien temeroso, se frustra con facilidad y hay un sentimiento enorme de inferioridad, reprimido, pues sabe que han pasado sobre sus derechos en cualquiera de estas formas. También se da el caso de comportarse en el otro extremo, negarse a llorar, a mostrar sus emociones, volverse frío, agresivo, a mostrar una falsa valentía, es impulsivo y hay una tendencia grande a repetir los mismos patrones de comportamiento con los que creció.

Acá sugiero algunos pasos para salir de esta situación de la mejor manera:
- Poder identificar las conductas que en la actualidad le están causando dolor para tomar consciencia de la necesidad de buscar ayuda.
- Darse el permiso de estar enojado, dolido y sentirlo, para que haga contacto con sus emociones.
- Tomar la decisión de superar el problema que le aqueja, ser compasivo consigo mismo y buscar ayuda profesional.
- Aunque cueste trabajo, se debe buscar alguna forma de aprendizaje de la situación.
- Aceptar que la única forma de superar y sanar las heridas es poniéndose en las manos de un profesional que lo lleve por la ruta del perdón de sí mismo, de quienes le causaron las heridas y salir adelante.
Jacqueline Alvarenga
Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta